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En defensa de las selfies: el autorretrato y sus antecedentes

En defensa de las selfies: el autorretrato y sus antecedentes

A pesar de que todos los días se publican millones de selfies, la práctica todavía tiene mala fama. Las ideas que relacionamos con ellas no son necesariamente positivas: vanidad, narcisismo y superficialidad son las palabras que surgen cuando se discute el hábito de tomarse autorretratos con la cámara frontal de un smartphone o frente a un espejo. ¿Por qué seguimos discutiendo esas imágenes de esta manera?

Los autorretratos no son algo nuevo. Los humanos hemos explorado nuestra propia imagen desde que tenemos la posibilidad de hacerlo. Primero lo hicimos con la pintura, y más adelante, en 1839, Robert Cornelius se tomó el primer autorretrato fotográfico registrado en la historia.

Las primeras cámaras no eran nada fáciles de usar. En ese entonces, quienes sentían la necesidad de explorar su propia figura no tenían el privilegio de tomarse mil fotos desde todos los ángulos posibles o haciendo gestos y muecas para descubrir cómo se transforma el rostro. Sin embargo, la curiosidad llevó a muchos fotógrafos a experimentar dentro de sus posibilidades.

En 1972, con una cámara mucho más avanzada que la que usó Robert Cornelius, Francesca Woodman empezó a descubrir las diferentes maneras en las que un cuerpo (el propio) puede ser fotografiado. Antes de suicidarse a los 22 años, Francesca dejó más de 10,000 negativos fotográficos en los que investigó las posiciones y expresiones de su cuerpo.

Un par de décadas antes de los experimentos de Francesca, Vivian Maier se mudó a Nueva York y empezó a recorrer sus calles con una cámara, fotografiando maravillosamente a las personas que se encontraba y su propio reflejo en ventanales y espejos. Tenía 25 años, trabajó como niñera toda su vida adulta, y su trabajo fotográfico fue descubierto y celebrado después de su muerte en 2009.

También está Robert Mapplethorpe (1946 – 1989), quien examinó su cuerpo desnudo, las limitaciones ilusorias del género y las convenciones sociales a través de sus autorretratos. ¿Todos estos fotógrafos se tomaban autorretratos por vanidad? ¿O se trataba de una exploración profunda que nosotros también estamos llevando a cabo con nuestras selfies?

Aunque la autoexploración no sea nuestra intención explícita cuando publicamos una selfie en Instagram, colectivamente estamos causando un cambio radical sin darnos cuenta. A diferencia de los autorretratos, lo que sí es nuevo es la posibilidad de que tantas personas determinen cómo quieren ser vistas, y el hecho de que esa visibilidad exista. ¿Qué significa esto?

Significa que las personas están creando sus propias imágenes, su propia estética y su propio estándar de belleza. Significa que los dueños de las grandes productoras de cine y las grandes agencias publicitarias ya no son los únicos que determinan qué es la belleza y qué merece ser visto.

La próxima vez que sientan ganas de burlarse de las personas que publican muchas selfies, consideren que el origen oculto de esa burla puede ser el miedo a la autonomía: la de los demás y la propia.

Fuente

Imagen destacada por: Ana Poireth

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